Lo mío no sé si ha sido que me ha mirado un tuerto o que ha pasado pero hemos empezado el año a golpe de talonario y la verdad que ya llega un momento en el que te ves con la moral por los suelos. Te ves echando un montón de horas y viendo que el sueldo de verdad no te rinde por más que lo intentas por más que ahorras te das cuenta que no tienes al final ni para pipas y es que si encima nos metemos en averías de coche ya apaga y vámonos, es que te acuerdas de toda la familia del mecánico cuando te dice que el motor de tu coche ha muerto, en ese momento lo miras con cara de mala leche porque claro ha incluido el precio en su mala noticia así como para que te vayas haciendo a la idea de que de una vez tu cuenta va a estar en números rojos, entonces lo cuarteas de arriba abajo y lo primero que se te pasa por la mente a pesar de no ser agresiva es de darle un buen guantazo.

Claro después de pasar el mal tiempo te das cuenta que el muchacho al final solo hace su trabajo, pero claro te tendrás que desahogar porque si él ha sido el que te ha dado la mala noticia tendrá que cargar con las consecuencias. Pero claro intentas respirar hondo y en vez de descargar tu ira sobre él piensas en que lo mejor que puedes hacer es empezar a buscar una solución a tu problema, ya que sabes que ni echando todas las horas del mundo vas a poder hacer frente a la factura que se te avecina, por lo que intentas buscar donde sea algo que te haga recuperar tu coche sin necesidad de gastar tanto dinero. De repente te llaman por teléfono y es el mecánico todavía el cabreo no se te ha pasado pero son buenas noticias y decides escucharlo, por lo visto en los desguaces se puede encontrar un motor de segunda mano que te cuesta menos de la mitad y ya parece que te cambia el semblante, ya no lo ves de la misma manera si te das cuenta ha cambiado tu forma hasta de hablarle y en cierto modo le agradeces el hecho de buscar una solución tan rápida, al final es verdad que cuando se cierra una puerta se abre una ventana.