La procedencia de una personas es muy importante, no es lo mismo haber nacido y crecido en un entorno ambiguo, poco religioso a haberlo hecho en una familia muy creyente y temerosa de Dios, no es lo mismo ser de una familia liberal en la que la vida se mide por las situaciones vividas, por las personas conocidas y por todas las cosas que nos hacen felices, que haber crecido en una familia en la que el decoro, la elegancia y el respeto por todo y todos era el pan nuestro.

Cuando naces en una familia chapada a la antigua es muy complicado explicar porque tienes necesidad de buscar en pildoradeldiadespues.es información sobre esta pastilla.
Tener una vida liberal en pleno siglo XXI no debería de sonrojar a nadie, no debería de sacar los colores a madres y padres pero ocurre. Hay personas que parecen vivir en otras épocas, personas que no se adaptan a los cambios, personas que se resisten a adaptarse y esto las deja aisladas del mundo en el que vivimos, las deja en el mundo que ellos conoce, en un mundo obsoleto lleno de errores por no querer avanzar.

Estas personas piensan con la mentalidad de los que vivieron hace cien años, no entienden que las cosas cambia, que la vida va evolucionando, que somos capaces de muchas más cosas, de elegir cuando queremos hacer las cosas y de decidir si queremos hacerlas o no. Las mujeres por ejemplo, ahora podemos decidir si queremos ser madres, o no, si estamos preparadas o no, podemos decidir el momento, podemos decidir si queremos ser madres en el momento en el que creemos que lo vamos a ser, gracias a las pastillas del día después podemos controlar nuestra vida. A estas personas les cuesta mucho aceptar que una pastilla pueda hacer que no te quedes embarazada, no son conscientes de que la medicina avanza y con estos avances han abierto muchas puertas a personas que no quieren que cambie su vida, ayudan a personas que no están en su mejor momento para ser madres o simplemente que no quieren serlo. Por suerte para todos nosotros, somos capaces de decidir que hace en cada momento, somos dueños de nuestras vidas y de las cosas que hacemos, somos responsables de las decisiones que tomamos y tenemos la capacidad de razonar para saber por qué y cómo vamos a hacer las cosas. Estamos en el siglo XXI.