Hay alguien, no recuerdo quien, que me dijo que para recibir cosas nuevas debo soltar lo que tengo si es viejo y sobre todo si no sirve. A veces nos aferramos a las pertenencias y nos cuesta soltar o dejar atrás lo que en algún momento nos fue de gran ayuda pero, si somos honestos, hemos de reconocer que ya dieron su vida útil y que ahora carecen de su funcionalidad.

Poco a poco nos vamos llenando de cuanto objeto deja de servir, pensando que en algún momento los podremos reparar o encontraremos a la persona ideal para que los devuelva a sus mejores momentos, pero ese día ni siquiera se vislumbra. Si por casualidad encontramos a una empresa o un autónomo capacitado para recomponer las piezas averiadas, generalmente nos hacen la advertencia que la solución es temporal, esto en el mejor de los casos.

Así mantenemos electrodomésticos, juguetes (aunque nuestros niños crecen y ya ni se interesan por ellos), entre otros, en fin objetos que supuestamente nos pueden servir como repuestos para reparar otros en un futuro, pero luego ni recordamos dónde quedaron almacenados. Esto me recuerda un programa de tv acerca de acumuladores, y aunque estemos lejos de esa patología, debemos saber decir adiós de vez en cuando.

Por ejemplo, hay cosas de mayor envergadura como lo es un automóvil viejo, arrumado en la cochera, esperando quizá un milagro, o si en efecto hemos puesto nuestro empeño en resolver todas sus averías, es bastante probable que se esté comiendo nuestros ahorros y aun no apreciemos una notable mejoría.

Así pues, debemos reconocer cuando deja de ser conveniente seguir intentado la recuperación del automóvil. Nos toca ser objetivos, si está inservible lo mejor es optar por vender coche para desguace, en estas empresas no solo nos darán un dinero a cambio, sino que también se encargarán de todo el proceso de darlos de baja.

Dicen que el mundo está cargado de energías, pero si tenemos ocupado ciertos espacios por algo negativo difícilmente podrán llegarnos las cosas positivas, es otra razón más por la cual no debemos retrasar decisiones que nos ayuden a despejar nuestros caminos para venga lo que merecemos.

Visualizar lo que anhelamos contribuye en buena medida, demos pasos para que se hagan realidad esos sueños, acondiciona el lugar que quieres que tenga algo diferente, dicen que la fe es creer que sucederá lo que todavía no se ve, pero por allí se empieza.